
Bueno, amigos, como veo que nadie se anima a empezar la tertulia, decidí que ya estaba bueno de andar rondando por aquí sin escribir nada, y quiero empezar con un tema que tuvo mucho que ver con la generación de este blog.
¿Recuerdas, Marian, que platicábamos lo hermoso que sería hablar de autores, películas y todas esas cosas que poco a poco hemos ido encontrando en común?
Si mal no recuerdo, la idea tuvo que ver con la mención de Saramago en un texto, y decidí que ya era hora de hablar de este autor portugués, Premio Nobel de Literatura, que por lo que se ve nos ha cimbrado a todos.
Bien, te cuento Marian, aunque en realidad como estamos en una sabrosa tertulia con cafesito o copita a un lado les cuento a todos que yo llegué a Saramago (para no variar) de la mano de mi hermano Grimalkin.
Él ya me había hablado de Saramago que a su vez le había sido recomendado por unos amigos (desmiénteme si no fue así, querido bardo) y lo hizo con tal emoción que me inoculo el deseo de leerlo, así que en la primera oportunidad corrí a la librería y adquirí Ensayo sobre la Ceguera. ¿Por qué ese y no cualquier otro? Eso es algo que creo que tuvo que ver con el título que francamente me parece genial.
En fin, me receté Ensayo sobre la Ceguera de una sentada. Antes, debo contarles que para mí la lectura de un buen libro es equivalente a estar en un teatro y subirme a actuar con los demás que están en el escenario. Vivo tanto las historias, que me acabo conviertiendo en una más de los personajes.
En fin, la aclaración la hice porque Ensayo sobre la Ceguera fue una experiencia difícil. De entrada, me costó un poco de trabajo entender el uso de la grámatica que hace Saramago, pero sobre todo, acabé conviertiéndome en un personaje más, fui perdiendo la vista y llegue a los límites de la miseria humana.
Fue tan fuerte la impresión que me causó este libro, que sentí aversión y no simpatía por este autor.
Sin embargo, poco a poco descubrí que ahí era donde estribaba la genialidad de José Saramago, es contundente y la impresión que te deja es tan fuerte y tan honda como él haya querido provocarla.
Concluido lo anterior, corrí a adquirir El Evangelio Según Jesucristo, que hasta ahora es la novela que más me gusta de este Premio Nobel, no sólo porque el personaje de Jesucristo en sí siempre ha llamado mi atención, sino por la valentía que desplegó Saramago al escribirla, por esta nueva y refrescante visión de las creencias y por la honda crítica que hace a sistemas como el catolicismo. ¡Qué tal esas páginas casi al final del libro donde recorre desde las Cruzadas hasta la actualidad y refiere todas las aberraciones que se han cometido en un pretendido nombre de Dios! Impactante
Después, adquirí La Balsa de Piedra, que me gustó aunque no me pareció tan contundente como las novelas anteriores; El Hombre Duplicado, La Caverna, que me conmovió hasta las lágrimas, y finalmente Ensayo Sobre la Lucidez.
Con este último libro me pasó una experiencia curiosa, que no sé si haya pasado en todos los lugares del mundo. ¡Los procesos electorales que describe Saramago me parecieron tan familiares, tan cercanos a los de México! Para colmo, cuando lo leí estábamos a un paso de las elecciones en mi país, y no crean, evalúe seriamente la posibilidad de promover los votos en blanco como un golpe para el sistema, tal como lo pinta Saramago.
Pero además este autor que ya es un ciudadano del mundo, me enamora también por sus posturas como figura pública. No se me olvida la vez que dijo que la lectura era para una élite, sin importar la reacción de las buenas conciencias, o cuando expresó su rechazo al proceso de desafuero que estaba a punto de cocinarse en México.
En fin, tengo pensado leer todo lo que ha escrito y escribirá, pero ahora estoy en un bache de dinero y desafortunadamente, como ya lo dijo el propio Saramago, leer es para una élite.
¿Y a ustedes, Marian, Gaby, Feri, Grimalkin, cómo les fue con don Saramago?